Neko

viernes, diciembre 15, 2006

Navidades en casa


Si hay algo que esperábamos es tener a M. con nosotros para la Navidad, y se ha cumplido!!! Frente a ella, decíamos "bueno, pero si no se puede salir no es un problema, porque nosotros somos tres, y venimos acá, no es tanto problema. Hay que tener paciencia, mientras estés bien ¿qué importa si es en el hospital o en otro lado?"

M. también decía, no importa si no puedo salir, lo principal es estar bien. El doctor nos había dicho que hasta que las defensas no mejoren, no iba a poder salir. Y el jueves nos dieron la Gran Noticia. Dr. P aseguró que M. puede volver a casa, definitivamente.
¿M. está curada? Ahora, sí. Su enfermedad puede volver. Sí, puede volver. En ese caso, ¿puede volver a hacer la terapia? No no puede, pero hay otras soluciones. Por ahora tiene que estar bajo control.

A M. le sonreía todo el cuerpo, y contagiaba. Menos a su marido que no entendía nada. El marido de M. parece tener la vida suspendida. Yo lo entiendo, pero no sé cómo ayudarlo. He intentado de todo, y no puedo hacerle cerrar el paréntesis. La enfermedad puede volver, pero puede NO volver. En ese caso se podría decir que la curación es definitiva, y habría que tomarlo así como lo ha tomado M. Si puede NO volver, vivamos como si no existiera. Total, nadie sabe cuándo le llegará la hora, y no por eso está todo el tiempo esperando que le llegue. No sé en que parte del cerebro lo metió, lo cerró con llave, y tiró la llave, para dedicarse a vivir.

En cambio N., su marido, parece estar esperando que vuelva la enfermedad. Para él el hecho de no tener certeza de que la enfermedad no volverá, es una derrota. Para M. el hecho de no tener más la enfermedad hoy, es una victoria. ¿Pueden ser más diferentes dos personas? Ahora es M. quien le dá ánimos a N. (en realidad siempre fue así, aún en los peores momentos).
Por eso ahora nos preocupamos por N., ¿podrá llevar una vida normal a partir de ahora? Cada noche se va a dormir pensando que si la enfermedad vuelve, tendremos un gran problema. Y cada día se levanta pensando lo mismo.

-Pero ¿y si no vuelve? ¿Vale la pena arruinarse la vida si la enfermedad no vuelve?
-Claro, no. Pero no se sabe. El problema es que no se sabe.
-Si, pero nadie sabe cuando ni cómo llegará su hora. No por eso andan todos angustiados, olvidándose de vivir.
-Ah, si. Pero nosotros sabemos que no se sabe.

Yo tampoco entendí. Ya se nos ocurrirá algo para animar a N. Por ahora la buena noticia es que M. estará de vuelta en casa, y que esta Navidad será genial.


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