
De ciertas cosas estoy hasta el moño.
Por ejemplo, de la gente que juzga demasiado rápido a los otros.
Si, si, ya sé que todos nos juzgamos los unos a los otros, no estoy negando que yo también prejuzgo. No es posible comunicar si no hay una cierta base de prejuicio, de eso estoy convencida. Soy de las personas que piensan que uno no conoce nunca realmente a alguien (ni siquiera a uno mismo) por el simple hecho de que todo se encuentra permanentemente en cambio. Al máximo lo que podemos conocer de otro, es lo que el otro nos muestra, o nos da a entender, es decir lo que el otro nos comunica. Pero sobre todo lo que del otro podemos presumir.
Todo el mundo presume cosas de todo el mundo. Esto no lo niego.
Pero hay gente más discreta que otra, entre las cuáles me cuento, que no gritan a los cuatro vientos lo que presumen, pues son bien concientes de que se trata de una simple presunción. Entre la gente menos discreta están los clásicos "patos criollos", que no son los mismos que los "estómagos resfriados" -estos últimos meten la pata, o mejor dicho la lengua, donde no deben, casi incontenible y/o convulsivamente, delante de quien no deberían, precisamente sobre aquél tema del que no debían hablar.
Además de esta curiosa fauna, hay quienes sacan conclusiones a partir de presunciones, de otras presunciones (la cadena puede ser bastante larga) que parten de un hecho o dicho (en general incompleto o confuso). Pero esto no es lo peor, sino que esta gente actúa en base a estas conclusiones, que por lo general existen sólo en su mente.
Así, porque en mi maltrecha pronunciación francesa la [r] -que aunque es bastante dificil he aprendido a pronunciarla- acompañada de pares de consonantes diferenciados sólo por sordez o sonoridad (como [p] [b]) me salen bastante parecidas (lo que no debería ocurrir) tenemos como consecuencia una profesora de lingüística francesa, rastreando la influencia del componente "germanófono"en el castellano hablado en Argentina (?).
O también, podemos encontrar feministas radicales que, a partir de algún comentario mío sobre la biografía de cierta empleada doméstica de J.L. Borges, creen que yo no pondría pie en un colectivo(!!??)
Bueno, ya sabemos como es con estas cosas, partiendo de una arveja podemos llegar a la conquista del espacio. Hablando de eso, justamente estuve leyendo un libro estupendo de Umberto Eco (sin hache, así que no crean que soy más burra de lo que parezco), que está lleno de estupideces risueñas, como toda gran obra que se precie... se los recomiendo vivamente:
El péndulo de Foucault.Un día que ande con más tiempo les voy a prescribir... perdón transcribir algunos párrafos son geniales (pero necesitan saber el italiano, así que les doy tiempo para que se tomen un cursito).