Hacer como si nada ?
Llamenmé loca, pero a parte de estar cansada como un perro, lo cual por otro lado no tiene nada de raro, todo transcurre tranquilamente. El primer shock pasó rápido. Creo que estamos todos concentrados en el presente inmediato, lo cual por ahora no es tan malo.
Cada cosa se transforma en un objetivo en sí mismo. Así los minutos y las horas pasan amenamente. Tratar de hacer planes a largo plazo (una semana es largo plazo en esta situación), no sirve. No porque creamos que todo va a ir mal, sino porque no sabemos cómo va a ir. Pensar siempre da lugar a la duda. La incertidumbre puede degenerar en desesperación, o peor, en resignación. Y no necesitamos nada de eso.
Nadie deja de trabajar. Se trabaja menos, alternada y organizadamente, pero se trabaja. Cuando vos vas yo vengo y viceversa. Cuando uno está en el trabajo piensa en el trabajo. Un minuto después del otro. Ahora imprimo esta página, después la controlo, ahora escribo este mail... y así. Lo hacemos hoy, mañana será otro día.
Todos los celulares están cargados y encendidos y nos llamamos regularmente (justamente para no estar pendientes del celular). Todos sabemos todo de todos, así no hay que preocuparse por ninguno. Sabemos que será por este tiempo que dure la terapia.
Nadie deja de comer. Todos deben comer bien al mediodía, a la noche me ocupo yo. Siempre cocino, y cocino para hoy y para mañana. Comer es lo más importante, porque estamos (casi) todos juntos, hablamos, recargamos las pilas (y la panza), la mente se toma una pausa.
No hay que tener miedo, y si a algún miedo se le ocurre aparecer, hay que hablarlo enseguida. Nos cuidamos para poder cuidar a quien nos necesita.
Ser optimista es mejor. La teoría de esperar lo peor para que la alegría sea más grande cuando lo peor no venga, no nos sirve. Es mejor alegrarse día a día de las pequeñas cosas malas que no ocurren. Aunque la enfermedad en sí es algo malo, y combatirla es algo bueno, el proceso puede traer muchas complicaciones indeseables. La ausencia de estas complicaciones, o que sean leves, es algo bueno, y así lo tomamos como una señal positiva.
Mantener el pensamiento en positivo. Pensar en negativo consume muchas más fuerzas.
Tener buenas ideas para pasar el tiempo, para sonreír para hacer reír al otro. La risa es contagiosa, tanto como la tristeza. Los momentos en blanco, cuando no hay nada que hacer, para el enfermo o su familia, dan siempre lugar a la tristeza. Preferimos contagiar la risa, aunque a veces se nos escape alguna lagrimita.
Creer y tener fe. Sino nos vamos a vivir preguntando cosas que no llevan aningún lado y nos deprimen (porqué a mí, y si yo no huiera hecho esto o lo otro... etc).
Esperar que todo continúe como hasta ahora, y que Dios nos dé la fuerza para llegar hasta el final del tratamiento.
No, no es hacer como si nada. Es tomar la vida como viene, y transformarla en algo bueno, o lo menos malo posible. Nos estaremos negando la realidad? Todos sabemos lo que está pasando pero si nos quedamos llorando un mar de lágrimas con el diagnóstico, no vamos a cambiar nada. Hay solución y la estamos probando. Es peligroso, pero si mantenemos la mente y el corazón fuertes, el cuerpo puede zafar. De eso estamos convencidos, lo cual es nuestra ventaja.
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