Neko

domingo, noviembre 26, 2006

Irreversible

...
Cómo hablar rompiendo un secreto
o escribir mi firma en el papel
Cómo ver que vuelve a ser invierno
y que los niños ya me tratan de usted

Cómo abrir mi hucha de primero
o decidir ser tres en vez de dos
mi corazón se ha vuelto irreversible
desde el momento en que el destino lo marcó

Viendo llover, viendo llover, sé qué quiero contigo...

(La oreja de Van Gogh)
by N/A

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viernes, noviembre 24, 2006

¡Basta de silencio! Quiero tirarme un pedo tranquila, sin que nadie se entere...

Encontrar gente tan parecida a nosotros en la red, es escabroso. A veces me parece leerme en las palabras de otro:


"Después de varios años de vivir acá no me queda duda de que si no volvemos a la vida de ciudad pronto se nos muere el alma. Te debe sonar tan loco esto que escribo pero es así, tal cual. Sé que mucha gente daría un brazo por vivir donde vivo pero te tiene que gustar. Es un lugar ideal para una familia con muchos chicos o para los que se quieren jubilar y disfrutar de la naturaleza. Si, en cambio, te gusta ir a museos, galerías, salir a caminar a la noche después de cenar, sentarte a mirar gente mientras te tomás un café, etc., vivir acá te mata."

Ay, Eri! ni te imaginas cómo te entiendo. Es verdad que nos parecemos, hasta intentamos encontrar algún placer en lo que no nos gusta... Y vos te ponés a fotografiar pajaritos (lo cual te sale bárbaro), y yo a pasearme mirando el lago, y los árboles en la colina, cambiando de color según las estaciones, que se parecen a esos cuadros impresionistas que me fascinan. Pero ¿porqué, no me inspiran?, ¿porqué prefiero ver esos paisajes en un cuadro en un museo y no "en vivo"? Porqué soy tan dependiente de la civilización? de lo que otros pensaron, escribieron, pintaron. Me inspira más el hombre que la naturaleza misma.

Esta vida me gustaba para una semana de vacaciones, pero ya no la soporto. Extraño la gran ciudad. Museos, teatros, avenidas atiborradas de tráfico (nunca pensé que diría esto), caminar sin conocer a nadie. Extraño la anonimidad. Detesto los pueblos chicos. La gente no tiene nada que hacer y vive para hablar de los demás, hasta de cómo te vestís. La gente va uniformada. Lo detesto. No tengo ya edad para revelarme en el vestir, pero de haber vivido aquí de más joven, me habría divertido llevando la contra, llamando la atención ¡Y no habría visto la hora de escapar hacia la gran ciudad! Como ahora.

En realidad no he cambiado tanto. Hago más o menos lo que me viene en gana y la gente (que uno piensa que en Europa es abierta y le importa un pito lo que hace cada uno, pero no es cierto!!) quizá hable a mis espaldas (lo sé porque también están aquéllos más detestables que los otros que vienen a decírmelo). No me importa, hasta un cierto punto, claro, a mi marido, que nació aquí, sí le importa. A veces algún esfuercito hago, por él. Pero en definitiva, él también se pudre de esto. Pero yo sufro. Me gusta caminar por la única calle del centro perdida en mis pensamientos, sin ir mirando para todos lados para ver si hay alguien que conozco (conozco a casi todos) para no perderme de saludarlo. Si llegás a pasar de largo, tienen tema para un mes (de lo maleducada que sos a pesar de haber ido a la universidad -lo cual aquí es todo un mérito- y qué sé yo cuántas pavadas). Saludar a alguien es un evento social, aunque lo hayas visto hace 15 minutos.

Está bien, costumbres son costumbres, y he tratado de respetarlas, porque en definitiva soy yo la extranjera. Pero me pudre eso de vivir para ver qué hacen o no hacen los otros, me olvido de la gente que no me interesa y que no se interesa de mí, que me han presentado reiteradamente, no puedo evitarlo, me pudre que los otros estén pendientes de lo que hago porque no tienen nada mejor que hacer. Me pudre tener que recordar eventos anodinos e inútiles, como que la suegra de no sé quién se operó de una uña encarnada en el dedo gordo de no sé qué pie, y tener que llamarla para ver cómo anda, porque sino parece que no te interesa (NO ME INTERESA!!!!!!!!!!!).

Basta de silencio, acá se escucha hasta cuando te tirás un pedo. Por eso la gente no se los tira, y así se les van subiendo al cerebro, y por eso son tan pedorros. No me importa, yo me los sigo tirando, y así ellos tienen tema de charla.



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jueves, noviembre 23, 2006

Como en las películas...

El martes pasado me pareció haber vivido la escena de una película. O, mejor dicho, de una de esas telenovelas truchas, en donde se succeden una serie de equívocos y malos entendidos, que sólo a los personajes les pueden pasar, porque al espectador le parecen una sarta de huevadas.

Bueno, la semana pasada todo estaba encaminado, la terapia había surtido efecto y el médico de M. estaba satisfecho y optimista. Este martes debían sólo anunciarle cuando podría volver a su casa, sólo por algunos días claro antes de recomenzar el segundo ciclo de terapia. La comitiva de especialistas y jefes de unidades y qué se yo, entra en la habitación de M., y le dicen así sin anestesia: Lo lamentamos, pero los resultados no son como esperábamos, ud. no irá a su casa, es más decidimos adelantar el segundo ciclo de terapia para mañana mismo (es decir miércoles 22). Hasta luego y buenos días." Y la comitiva se fue.

Extraño me pareció el cambio, sobretodo porque M. está bárbara, físicamente y anímicamente, y no ve la hora de salir de la habitación en donde ha estado por 4 semanas sin poder salir. Además me extrañó mucho que los médicos responsables de M., los que la siguen paso a paso, no formaran parte de la comitiva. ¿Acaso no se animaban a poner la cara porque las cosas andan mal? Todo muy raro. Pero no hice comentarios sobre eso, me dediqué, lo mejor que pude a consolar a M., diciéndole que dentro de todo es lo mejor, y que seguro que lo hacen para que puedas terminar pronto con todo esto, y qué se yo que le dije, ni me acuerdo.

El miércoles aparece el bendito responsable, Dr. P, con una sonrisa de oreja a oreja: "Señora! albricias! todo ha sido una confusión, porque yo estaba ausente por una urgencia, y los otros doctores no siguen los casos (son zopencos, irresponsables o qué?), hubo una confusión (pero de qué me está hablando? me quiere decir que en este supermoderno hospital de 9 edificios, 11 facultades, y un policlínico de 18 pisos, mezclan las historias médicas de los pacientes?) ud. está muy bien como le había dicho la semana pasada, su recuperación es lenta, pero esto es debido a su edad, así que en unos días podrá ir a su casa".

(Entre tanto, el 21, nos arruinaron el festejo del cumple de mi amor, aunque no era gran cosa).

Yo sé que no lo han hecho a propósito, y que el daño moral no fue enorme, porque, por suerte, M. es muy fuerte. Pero no quiero ni imaginar la ilusión de la persona que estando mucho más grave que M. recibiera la noticia de ir a su casa, cuando en realidad no era cierto!! Y ahora le están dando la terapia nuevamente...
A mí me parecía que estas cosas pasaban nada más en las absurdas escenas televisivas de algunas novelas de baja calidad, que hay que ir complicando con malentendidos, para que los capítulos puedan durar media hora. Sólo que en la vida real no te hacen reír.




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lunes, noviembre 13, 2006

El halago más hermoso del mundo

Siempre fui consciente de tener un carácter de mierda, heredado, al parecer, de mi papá. Con lo cual todos concuerdan (excepto, claro, mi viejo). Es cierto, puedo ponerme muy densa e insoportable, exasperante, por lo meticulosa y vueltera (que me viene más bien de mi abuela materna) pero también por lo exigente con los demás. A veces parece que nadie es capaz de hacer las cosas como yo las quiero o como yo las haría (aunque últimamente estoy aflojando un poco con esto). En general, esto suele traer consecuencias nefastas (también a mi viejo), que tienen que ver con una cierta asociabilidad, y la incapacidad de disfrutar ciertos momentos.
Ciertamente, para descubrir todo eso hay que pasar una buena dosis de tiempo conmigo. Es decir no se nota a simple vista. Casi todas las personas que llegan a conocerme muy bien, y que conocen a mi papá, suelen traer a colación frases tales como "sos iagual a tu padre", "sos digna hija de tu padre", "parecés tu padre en pinta", y otras variantes.
Yo lo quiero mucho a mi papá, pero les aseguro que estas frases no me caen muy bien. La mayor parte del tiempo, voy luchando contra todos esos defectos, que son muy molestos, y hasta hirientes para los seres queridos.
Mi mamá, que sólo por el hecho de aguantarnos a mi papá y a mí ya se merece un monumento (como mínimo), no es para nada comparable a nosostros. Ella es una buena persona. Sociable y comunicativa. No sólo es buena, sino que además es inteligente, y cuando hace el bien, en verdad hace mucho bien. Mi mamá tiene un corazón enorme, pero más grande es su hombro, donde carga vaya a saber cuánta queja, y cuánto dolor. Una fuerza impresionante que no sé de dónde saca. Elige siempre ayudar a los demás, tiene un don especial, porque entiende a las personas. A simple vista alguien podría confundirla con una de esas señoras que hablan hasta por los codos. Es cierto que es muy conversadora, a veces monologuista, pero de seguro tiene los oídos más grandes que la boca. Ella sí escucha. Y como es inteligente además de escuchar entiende. Cuando alguien entiende, en verdad puede hacer mucho bien (y no es una publicidad encubierta, porque aunque mi mamá es psicóloga no trabaja por cuenta propia sino para el Estado). En fin, en algún momento postée algo sobre ella un poco más volado, y más triste.
Ayer, volvíamos del hospital, estaba oscuro aunque no eran más de las ocho. Manejaba mi marido. Muertos de cansancio, charlábamos un poco para mantener la atención despierta. Normalmente, cuando volvemos del hospital intercambiamos opiniones acerca de temas delicados que no nos animamos a mencionar delante de M. Él me dijo que les estaba haciendo bien a todos, que les daba las fuerzas y me agradeció. Pero qué me vas a agradecer, bobo, no ves que es natural, le dije yo sinceramente. Me respondió: "Sí, tenés el carácter de mierda de tu papá, pero también sos hija de tu mamá. Con eso dije todo. Por eso me casé con vos."
Creo que es lo más hermoso que me han dicho en toda mi vida.





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jueves, noviembre 09, 2006

Un gran susto

No quiero transformar el blog en una especie de reporte médico cotidiano. Porque, además de no ser especialista en medicina, prefiero que este espacio sea para transmitir emociones. Lo sé que cuando te la pasás en un hospital la mayor parte del tiempo, es muy difícil desengancharse de los diagnósticos, los medicamentos y la terminología que allí es utilizada.

Yo quisiera contarles lo díficil que es decidir dónde está la línea de lo que podés decir y lo que no a una persona como M. acerca de lo que está pasando en su cuerpo. M. pertenece a una generación de italianos nacidos en la inmediata posguerra. No tuvo oportunidad de estudiar, más que algunos años de primaria, y el funcionamiento de su cuerpo, aún las funciones más básicas, representan un misterio para ella. M. es muy inteligente y no se le puede mentir, porque lo percibe. Además, no queremos hacerlo. Pero M. es también hipertensa, y muy emotiva, por lo cual la verdad cruda es desaconsejable. Sin llegar nunca a la depresión, en diferentes momentos ha tenido pequeñas "depre" que nunca ha tratado, porque a M. cuando le mencionan la palabra "subconsciente" cree que la están llamando "loca".

M. sabe que entiendo casi todo lo que dicen los doctores, y que tengo "el coraje" de hacerles preguntas (para la generación de M. la palabra de un doctor es como un oráculo sagrado, hermético, indescifrable, inmutable y sobretodo irrefutable). M. confía ciegamente en mis explicaciones, simplificadas, lo cual es una gran responsabilidad. He estado buscando información y estudiando todo lo que he podido acerca de esta enfermedad. Intento hacer lo mejor que puedo, tratando de usar términos simple que no deformen la verdad, pero que no se presenten a ella como amenazadores o chocantes. M. ya sabe que lo que tiene es grave y que está en juego su vida. Intento no repetírselo. M. tiene esperanza que se salvará. Intento fomentar su esperanza.

Ciertamente, alguien puede creer que hago mal, porque suavizo las cosas, y llego a presentar una noticia riesgosa, como una solución positiva, deseable. Pero estoy convencida que lo que M. necesita es fuerza y ánimo. Conocer la enfermedad en sus mínimos detalles, el porcentaje de células en su sangre, y la lista interminable de riesgos y posibles efectos colaterales no es lo que M. necesita. Ya le he dicho un mínimo, para que lo tome lo más tranquilamente posible. Aunque la idea de enfermedad nunca se naturaliza, es importante que comprenda algunas cosas porque cuánto más se desconoce más se teme. Pero no quiero fragilizarla (existe?), sino todo lo contrario. Quiero transmitirle que la enfermedad puede combatirla y puede vencerla. Frecuentemente le doy ánimos con el tema de que se encuentra en uno de los centros sanitarios más desarrollados del mundo, y que la gente rica de otros lados viene expresamente a Suiza para hacerse tratar, y eso, que parece banal, la hace sentir bien, con confianza en los doctores (lo cual es también crucial).


Esta semana nos hemos llevado un enorme susto, todo a raíz de la infección que no cedía y presagiaba la intervención quirúrgica. Hemos tratado de no transmitir este temor a M., que no entiende qué son los glóbulos rojos y blancos (lo cual denota su salud de hierro, hasta que esta lotería le cayó como un yunque en la cabeza). Operar a M. en esta fase de su tratamiento, hubiera significado un enorme riesgo, ya que para ella el proceso de coagulación de la sangre es casi cero. Ni hablar que por la posición de la infección se requeriría anestesia total, y visto su estado de debilidad no sé qué efecto le hubiera causado. El anuncio fue claro: Operamos hoy o mañana. Y comenzó el periplo hacia IRM, y controles de varios especialistas. Hasta que su médico desistió de la idea de operar. Hoy 24 horas después de la aplicación intensiva de antibióticos, la infección empezó a ceder, y nos volvió el alma al cuerpo.

M. está contenta y animada, a pesar de la fiebre, creo que es un buen momento para explicarle mejor este tema del blog.


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lunes, noviembre 06, 2006

Gracias

Apenas llegamos del hospital con mi marido. Entré al blog antes de irme a dormir y me encontré con todos los comentarios de ustedes y la verdad me emocioné un montón. No sé porqué capaz es el cansancio... no, no es eso. No me lo esperaba. Nunca pensé que hubiera tanta gente con tanta buena onda y con tanto para dar. Chicos: aunque no encontremos nada para M., lo que han hecho ya es enorme, ni se imaginan el efecto que produce. Me tiembla un poquito la garganta... menos mal que no hay que hablar para decirles lo mucho que les agradezco.
Saben qué? Compré un puzzle de 1000 piezas pero no le dije nada.
(M. no es tan grande... apenas un poco más que mi vieja) Al principio me vió meter un paquete en el armario, y me preguntó qué era, yo le dije que era una pavada, para cuando se sintiera mejor. Creo que no va a tardar mucho en levantarse para ir a pispear. Espero que al menos le de algo para hacer.
Mañana pasarán los médicos (8), entre hoy y ayer ha tenido algunas complicaciones, espero que pronto se sienta mejor.


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Qué hacer para mantener el ánimo arriba

Creo que en esta semana que viene lo más importante es no desmoralizarse. Parece mentira, pero el cansancio se acumula y las ideas se agotan más rápidamente de lo esperado. Lo escribo porque sé que puedo contar con los blogueros que suelen pasar por aquí.
Necesito ideas para entretener a una enfermita, M., que está hace más de 10 días internada y se aburre. Lo cual no es para nada bueno. Sus gustos principales tienen que ver con las actividades al aire libre, y visto que está en un periodo de aplasia medular, se encuentra en una habitación aislada para evitar infecciones. Ella no puede salir, y no sabe estar sentada, se cansa, se aburre. No le gusta leer, ni hacer casi ninguna manualidad. No puede coser, ni tejer, ni operar ningún elemento punzante. Si alguien tiene una idea de cómo levantar el ánimo a M. para evitar que esté siempre en la cama, sus aportes son bienvenidos en los comentarios.


Muchas gracias a todos.



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viernes, noviembre 03, 2006

¿Cuántas veces pasará el tren?

Se trata siempre de lo que uno tiene para dar a los otros. A los otros cercanos, y a los otros un poco más alejados. No, no de distancias físicas. Hay gente que estando muy lejos está siempre al lado nuestro.
Ya sé que no se entiende. Me llamaron de un trabajo. Todavía no es nada en concreto, pero teniendo en cuenta la cantidad de gente que habrá postulado, que te llamen es ya un buen signo. Es lo que estaba esperando antes de que M. se enfermara. Postulé a otros anuncios, pero cuando escribía para éste tenía un cosquilleo adentro, y un poco de miedito de equivocarme, controlé todo mil veces antes de mandarlo. Y cuando lo metí en el buzón del correo se me escapó un gran suspiro... de esperanza, de "ya hice lo mío, ahora no resta que esperar".
Ayer me llamaron. Ya te digo, no es nada definitivo. Me querían hacer unas preguntas. Es un trabajo para ayudar a la gente en gran escala, en la oficina federal de seguridad social, acá en Suiza. Yo estoy segura que es el puesto para mí. Creo dentro de mí, aunque no se lo digo a nadie, que cualquier otra persona que tomen no hará las cosas como yo las haría... el tema me apasiona. Pero justo ahora, no sé cómo haría para conjugar todo. ¿Tendré las fuerzas suficientes para dar tanto así? No debería hacerme problema antes de que las cosas se definan un poco más. Pero la verdad es que no sé qué esperar. Quiero esperar con toda el alma que me llamen para una entrevista. Estoy segura que si me dan la oportunidad de hablarles el trabajo será mío. ¿Hago mal de esperar?
Si es verdad lo que dice Francis Cabrel, y "la vie me donne ce que j'attends d'elle", entonces resignar las esperanzas sería el peor error.

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jueves, noviembre 02, 2006

Qué tienen en la cabeza... nada



A mí me gustaría saber qué tienen en la cabeza las personas que al enterarse de la enfermedad de M. se ofenden porque no se lo han dicho antes.
Pero la gente no se da cuenta de nada ¿o soy yo que estoy mal?¿Cuál es su problema? No son el centro del mundo, y si se interesaran tanto en nosotros nos hubieran llamado antes. La verdad, ¿qué pretenden, que me ponga un call center para avisarle a todo el mundo lo que está pasando? Bastantes cosas tengo para hacer. Las personas que realmente cuentan para nosotros están enteradas, y nos ayudan de una forma u otra.
Díganme, ¿a dónde tendría que mandar a gente así? Los mando al infinito abismo de sus inteligencias. Y que no rompan más.

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